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El Síndrome de Estocolmo en la oficina, un fenómeno extraño pero común

El Síndrome de Estocolmo Laboral no es otra cosa que la conducta de apego, identificación e incluso vinculación psico-emocional a empresas cuyas condiciones de trabajo son hostiles, inadecuadas e incluso reprochables

Por Edilberto Peña de León

El Síndrome de Estocolmo, mal llamado síndrome de Helsinki por algunas personas, es el nombre que recibe el comportamiento evidente de la víctima que se ha vinculado emocionalmente con su captor o victimario hasta el punto de preferir mantenerse a su lado que hacer frente a una nueva vida sin estar sometida al mismo, o bien mostrarse decepcionado o desorientado una vez que el riesgo ha desaparecido, y con él sus responsables.

Es utilizado principalmente en el campo de la psicología clínica y en el estudio de comportamiento de equipos y grupos expuestos a situaciones de plagio u hostigamiento, en donde ha sido posible observar ese tipo de enlace victima-victimario, y pueden leerse casos asociados al mismo cuando se trata de rehenes, practicantes de un culto, abuso psicológico, prisioneros de guerra, tráfico de meretrices, e incesto, como se expone en la referencia que hace Wikipedia al consultarse este fenómeno.

Pero, ¿puede ser rastreado hasta las empresas? Lamentablemente la respuesta es sí.

El Síndrome de Estocolmo Laboral, como lo he denominado, es una variación sutil de su predecesor clínico y, aunque posee características particulares, se encuentra estrechamente vinculado a los sucesos que originaron su nombre.

El Síndrome de Estocolmo Laboral no es otra cosa que la conducta de apego, identificación e incluso vinculación psico-emocional del individuo o grupo a empresas cuyas condiciones de trabajo y/o estilos gerenciales son hostiles, inadecuadas e incluso reprochables.

Diferenciándose del clínico porque la “víctima” no ha sido forzada o sometida a cautiverio por un tercero, entre otras expresiones asociadas al mismo. Por el contrario, ha ingresado por su entera voluntad y se mantiene atada a ese escenario, ya sea porque es incapaz de concebir su vida sin las presiones, maltratos y limitaciones que encuentra en él, o bien porque es absorbida por una cantidad, a veces inverosímil, de razones que le impiden deshacerse del mismo, independientemente de que en ambos casos observa ventajas dentro del escenario que coinciden con sus expectativas.

En los estudios llevados a cabo para establecer la existencia de colaboradores que mostraran este síndrome en el ambiente laboral, en las empresas donde se presumía este tipo de fenómeno, se logró constatar que en el 67% de los casos los empleados preferían mantenerse trabajando en la empresa independientemente que entendían que estaban siendo maltratados de alguna manera por el estilo gerencial y las condiciones propias del ambiente de trabajo.

Esto quiere decir que existen colaboradores que se han identificado emocionalmente con empresas que ofrecen condiciones inadecuadas de trabajo, maltrato psicológico (e incluso físico) y situaciones de estrés producto de una presión innecesaria que, estando prácticamente en un cautiverio voluntario, prefieren mantener ese estado de angustia y opresión que abandonar el escenario que la causa.

¿Cuántos de nosotros -amigos lectores- se han encontrado o se encuentran en esta situación por demás interesante?, como les mencioné en una entrega anterior, a pesar que esto no se asemeja a una zona de confort definitivamente a veces preferimos una situación “x” antes de dar el paso a cambiar nuestra condición por ese miedo que nos carcome y nos impide dar un cambio a nuestra vida.

Entre las razones que arguyen pueden destacarse las siguientes:

  • Como conocen al jefe saben cómo manejar la situación
  • Hay pocas posibilidades de encontrar otro empleo en la actualidad
  • Con el tiempo uno se acostumbra
  • Es el estilo de la empresa
  • No hay otras opciones
  • Mejor esto que nada
  • Me gusta lo que hago, no la empresa

El Síndrome de Estocolmo Laboral es un fenómeno más común de lo que parece; se observa en personas de todo tipo, nivel de educación, diferentes edades y niveles de maduración, por lo general está asociado a baja autoestima, pero su característica más extraordinaria es la identificación con un estilo gerencial que pone en riesgo su salud física, mental y emocional.

El problema es cuando la persona no es consciente de estar en un ambiente psicológicamente perjudicial.

Para la gerente general de la consultora Resource y especialista en recursos humanos, Laura de Acha, cuando la persona es sometida constantemente a gritos, maltratos e insultos, su autoestima se ve afectada, hasta dudar de sus propias capacidades y talentos.

“El problema es grave cuando la persona no tiene conciencia de que está conviviendo en un ambiente psicológicamente perjudicial”, explicó De Acha.

Detalles a tomar en cuenta

La primera señal –que muchas veces pasa inadvertida– es cuando se permite la agresión verbal, la cual se da paulatinamente. Si el trabajador en la primera vez es capaz de frenar educadamente dicha actitud es probable que el jefe se mida en las próximas situaciones.

El segundo paso es tomar conciencia de que estamos frente a un problema y estar seguros de tomar una decisión.

“La víctima tiene dos opciones, o convive y por ende se adapta al problema, o coge sus cosas y sale por la puerta grande. Pero es necesario que se tome una decisión”, comentó la experta.

Posible solución

Es muy probable que algunos lectores estén conscientes de que tienen este síndrome, pero predomina más la situación económica que impide un cambio de centro laboral. Por eso resulta importante que, si se decide convivir con el “agresor”, se establezcan reglas específicas de lo que se va a permitir y de lo que no, como por ejemplo no permitir calificativos despectivos ni menos palabras groseras.

Asimismo, la selección de personal debe realizar minuciosos exámenes psicológicos para evitar llegar a situaciones perjudiciales como conllevar a un empleado a experimentar un de Síndrome de Estocolmo laboral.

1 Comentario

  1. Culturalmente incluso se favorece esto, alguien que se queje del lenguaje de su jefe es tachado como el “mariquita”, que no aguanta nada…
    El que se pone firme, es tachado de rebelde o se le hace a un lado por no tener una actitud positiva…
    Ojalá y lleguemos a los niveles de abuso de Japón, con su karoshi incluido, eso va a hacer que el lazo se rompa por lo más delgado…

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