Fibromialgia, la “muerte” a fuego lento que no se nota

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Fibromialgia, la muerte a fuego lento que no se nota
Fibromialgia, la muerte a fuego lento que no se nota

La fibromialgia ha pasado de ser un problema sanitario a ser un problema social al ser  una enfermedad crónica e invalidante de causa desconocida y sin tratamiento eficaz

La fibromialgia no se ve, se sufre. La fibromialgia es invisible, pero las casi tres millones de personas que la padecen en España no lo son.

Aunque las instituciones sigan mirando para otro lado, la fibromialgia es una realidad que sigue creciendo, que no entiende de clases sociales, nivel cultural, edad, ni punto cardinal. Puede empezar en la infancia e irse agravando con los años con la aparición de nuevos síntomas.

Lejos de ser psicológica, como muchos se han empeñado en hacernos creer, las últimas investigaciones a nivel mundial apuntan a que es una enfermedad neuroinmune y por consiguiente compromete a todos los sistemas del organismo, pudiendo aparecer hasta más de treinta síntomas diferentes. Los más invalidantes son el dolor y la fatiga crónica.

Durante muchos años se ha evitado definir a la fibromialgia como una enfermedad crónica e invalidante de causa desconocida y sin tratamiento eficaz, prefiriendo acusar al paciente de mentiroso, quejica, neurótico, depresivo, timador, victimista… hasta tal punto que la mayor parte de la sociedad ha creído que fibromialgia es sinónimo de cuentista.

Además de estar enfermos, la sociedad cuestiona su derecho a vivir y ser felices. Las personas con dificultades físicas que consiguen éxitos deportivos o personales son ejemplos a seguir y motivo de admiración y nadie pone en duda su discapacidad, esta admiración y empatía ocurre en todas las enfermedades, excepto con la fibromialgia.

El enfermo de fibromialgia que logra ser feliz, a pesar del padecimiento, y logra tener éxito, a pesar de las grandísimas dificultades, no es valorado por su fuerza y afán de superación, ni es un ejemplo de vida, simplemente es un motivo para poner en tela de juicio su diagnóstico y, con ello, la profesionalidad del médico que se lo dio.

El hecho de que se haya negado durante tanto tiempo la realidad de esta dura enfermedad ha causado un daño físico y moral irreparable en muchos afectados.

Así, la fibromialgia ha pasado de ser un problema sanitario a ser un problema social al ser  una enfermedad crónica e invalidante de causa desconocida y sin tratamiento eficaz que exige invertir más en investigación, formación de médicos expertos y en recursos para su tratamiento adecuado.

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