Inicio BIENESTAR TOTAL Violencia contra la mujer, un grave problema de salud pública

Violencia contra la mujer, un grave problema de salud pública

Se conoce como violencia de género al maltrato que ejerce un sexo hacia el otro, que puede ser de hombre hacia la mujer o viceversa

La violencia, es toda conducta o amenaza que se realiza de manera consiente y que causa daño físico, psicológico, sexual o económico.

Existen diversos tipos de violencia contra las niñas, adolescentes y mujeres, por ello, para evitar ser víctima es importante identificar las señales y acciones que siguen los agresores.

En el Artículo 6 de la Ley de Acceso (LGAMVLV) se describen los siguientes tipos de violencia contra las mujeres:

  • Violencia psicológica: cualquier acto que dañe la estabilidad psicológica, que ocasione depresión, aislamiento o baja de autoestima en la víctima.

Busca ayuda si el agresor te humilla, insulta, manipula, hace comparaciones destructivas, te ignora, revisa tu celular, correo electrónico, redes sociales o tus pertenencias. O si te prohíbe realizar determinadas actividades o tienes que pedirle permiso para hacerlas, si te prohíbe ver a tus amigas, amigos o familiares.

  • Violencia física: cualquier acto que ocasione daño no accidental, con uso de la fuerza física o algún tipo de arma u objeto que provoque lesiones internas, externas o ambas.

Ten precaución, no confundas con un juego o algún tipo de caricias los golpes, empujones, jalones, pellizcos u otros.

  • Violencia sexual: la Organización de las Naciones Unidas (ONU) define como cualquier acto sexual, la tentativa de consumarlo u otro acto dirigido contra la sexualidad mediante coacción, sin importar la relación entre el agresor y la víctima.

Si te toca o besa de una forma que te hace sentir incómoda, obligarte a tener relaciones sexuales o si utiliza palabras o señas sexuales que te ofendan, ¡Denuncia!

  • Violencia patrimonial: se define como toda acción que afecte la supervivencia de la víctima, ya sea con la retención de objetos, documentos personales, bienes, valores, derechos patrimoniales o control de los recursos económicos que la víctima destina para satisfacer sus necesidades.

Presta atención, cuando tu agresor te quite, destruya o retenga tus bienes y pertenencias. O si te amenaza con no darte dinero para los gastos del hogar, esconde tus documentos personales, destruye los muebles del hogar o saca tus pertenencias de la casa.

  • Violencia económica: es toda acción del agresor que perjudique la supervivencia económica de la víctima.

Si te limita la libre disposición o ingreso de tu dinero, no te deja gastarlo, te obliga a entregar tu sueldo o cuando en tu centro de trabajo te pagan menos por ser mujer.

En el Título II de la Ley General de Acceso (LGAMVLV) se describen modalidades de la violencia, tales como:

  • La violencia en el ámbito familiar que reside en un abuso de poder u omisión intencional con el fin de dominar o someter de manera física, verbal, psicológica, patrimonial, económica y sexual contra las mujeres dentro o fuera del domicilio familiar, aún cuando haya tenido relación de parentesco por consanguinidad o afinidad, de matrimonio, concubinato o relación de hecho.
  • La violencia laboral y docente  que básicamente se ejerce por quienes tienen un vínculo laboral o docente con la víctima, independientemente de configurarse dentro de una relación jerárquica, consistente en un acto de abuso de poder u omisión intencional que dañe la autoestima, salud, integridad, libertad y seguridad de la víctima, impida su desarrollo y atente contra la igualdad. Su repetición puede constituir el daño y también incluye el acoso u hostigamiento sexual.
  • La violencia en la comunidad es aquella constituida por actos individuales o colectivos que transgreden derechos fundamentales de las mujeres y propician su denigración, discriminación, marginación o exclusión en el ámbito público.
  • La violencia Institucional son todos los actos u omisiones de las y los servidores públicos de cualquier orden de gobierno que discriminen o tengan como fin dilatar, obstaculizar o impedir el goce y ejercicio de los derechos humanos de las mujeres así como su acceso de disfrute de políticas públicas destinadas a prevenir, atender, investigar, sancionar y erradicar los diferentes tipos de violencia.
  • La violencia feminicida es la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado. Se conforma por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del Estado: culmina en homicidio y otras formas de muerte cruenta de mujeres.

Las estimaciones más precisas relativas a la prevalencia de la violencia de pareja y la violencia sexual se derivan de las encuestas poblacionales basadas en los testimonios de las víctimas.

En un análisis llevado a cabo en 2013 por la OMS en colaboración con la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y el Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica, en el que se utilizaron los datos de más de 80 países, se observó que, en todo el mundo, una de cada tres mujeres (o el 35%) había sido objeto de violencia física o violencia sexual bien dentro o fuera de la pareja.

Casi un tercio (30%) de todas las mujeres que han tenido una relación ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja. Las estimaciones de prevalencia de la violencia de pareja oscilan entre el 23,2% en los países de ingresos altos y el 24,6% en la región del Pacífico Occidental, al 37% en la región del Mediterráneo Oriental y el 37,7% en la región de Asia Sudoriental.

El 38% de los feminicidios que se cometen en el mundo son perpetrados por la pareja. Además de la violencia de pareja, el 7% de las mujeres refieren haber sufrido agresiones sexuales por personas distintas de su pareja, si bien los datos a ese respecto son más escasos. Los actos de violencia de pareja y violencia sexual son cometidos en su mayoría por hombres contra mujeres.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo de violencia de pareja y violencia sexual son de carácter individual, familiar, comunitario y social. Algunos se asocian a la comisión de actos de violencia, otros a su padecimiento, y otros a ambos. Entre los factores de riesgo de ambas, violencia de pareja y violencia sexual, se encuentran los siguientes:

  • un bajo nivel de instrucción (autores de violencia sexual y víctimas de violencia sexual);
  • un historial de exposición al maltrato infantil (autores y víctimas);
  • la experiencia de violencia familiar (autores y víctimas);
  • el trastorno de personalidad antisocial (autores);
  • el uso nocivo del alcohol (autores y víctimas);
  • el hecho de tener muchas parejas o de inspirar sospechas de infidelidad en la pareja (autores);
  • las actitudes que toleran la violencia (autores);
  • la existencia de normas sociales que privilegian a los hombres o les atribuyen un estatus superior y otorgan un estatus inferior a las mujeres; y
  • un acceso reducido de la mujer a empleo remunerado.

Consecuencias para la salud

La violencia de pareja (física, sexual y emocional) y la violencia sexual ocasionan graves problemas de salud física, mental, sexual y reproductiva a corto y largo plazo a las mujeres. También afecta a sus hijos y tiene un elevado costo social y económico para la mujer, su familia y la sociedad. Este tipo de violencia puede:

  • Tener consecuencias mortales, como el homicidio o el suicidio.
  • Producir lesiones, y el 42% de las mujeres víctimas de violencia de pareja refieren alguna lesión a consecuencia de dicha violencia.
  • Ocasionar embarazos no deseados, abortos provocados, problemas ginecológicos, e infecciones de transmisión sexual, entre ellas la infección por VIH. El análisis de 2013 reveló que las mujeres que han sufrido maltratos físicos o abusos sexuales a manos de su pareja tienen una probabilidad 1,5 veces mayor de padecer infecciones de transmisión sexual, incluida la infección por VIH en algunas regiones, en comparación con las mujeres que no habían sufrido violencia de pareja. Por otra parte, también tienen el doble de probabilidades de sufrir abortos.
  • La violencia en la pareja durante el embarazo también aumenta la probabilidad de aborto involuntario, muerte fetal, parto prematuro y bebés con bajo peso al nacer. El mismo estudio realizado en 2013 puso de manifiesto que la probabilidad de sufrir un aborto espontáneo entre las mujeres objeto de violencia de pareja es un 16% mayor y la de tener un parto prematuro un 41% mayor.
  • Estas formas de violencia también pueden ser causa de depresión, trastorno de estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad, insomnio, trastornos alimentarios e intento de suicidio. El análisis de 2013 concluyó que las mujeres que han sufrido violencia de pareja tienen casi el doble de probabilidades de padecer depresión y problemas con la bebida.
  • Entre los efectos en la salud física se encuentran las cefaleas, lumbalgias, dolores abdominales, trastornos gastrointestinales, limitaciones de la movilidad y mala salud general.
  • La violencia sexual, sobre todo en la infancia, también puede incrementar el consumo de tabaco, alcohol y drogas, así como las prácticas sexuales de riesgo en fases posteriores de la vida. Asimismo se asocia a la comisión (en el hombre) y el padecimiento (en la mujer) de actos de violencia.

Prevención y respuesta

Si bien prevenir la violencia contra la mujer requiere un enfoque multisectorial, el sector de la salud tiene un papel importante que desempeñar y cada vez hay más estudios bien concebidos sobre la eficacia de los programas de prevención y respuesta.

Se necesitan más recursos que refuercen la prevención y la respuesta frente a la violencia de pareja y la violencia sexual, en particular en el ámbito de la prevención primaria, a fin de impedir que llegue a producirse.

Los programas de visitas domiciliarias en que participan los servicios periféricos de salud por medio de profesionales de enfermería capacitados también parecen prometedores a efectos de reducir la violencia de pareja. No obstante, aún han de evaluarse para poder ser utilizados en entornos con pocos recursos.

Entre las estrategias de prevención que podrían dar buenos resultados en entornos de bajos recursos cabe citar las siguientes: aquellas que permiten que la mujer se emancipe económica y socialmente mediante una combinación de microfinanciación y formación en materia de igualdad de género; las que fomentan la comunicación y las relaciones interpersonales dentro de la pareja y la comunidad; las que reducen el acceso al alcohol y su uso nocivo; las que transforman las normas sociales y de género nocivas, mediante la movilización de la comunidad y la educación grupal y participativa de mujeres y hombres con el fin de provocar una reflexión crítica sobre las relaciones de género y de poder desiguales.

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