¿Quieres amar? Primero aprende a amarte a ti misma

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Aprendiendo a amar cuando no sabemos cómo hacerlo
Aprendiendo a amar cuando no sabemos cómo hacerlo

Hacemos pareja con la persona que nuestra autoestima nos alcanza para ‘comprar’. Existe una relación directa entre nuestra autoestima y nuestra pareja

Por Gaby Torres

Nuestra autoestima determina con quién nos relacionamos y también determina nuestra calidad de vida. Pero ¿qué es la autoestima? Autoestima es una palabra compuesta. Como autocontrol, o autoayuda, o autoconcepto.

¿A qué hacen referencia los conceptos ‘auto’ y ‘estima’? El prefijo ‘auto’ en la palabra autoestima hace referencia a uno mismo, mientras que el sufijo ‘estima’ hace referencia a asignar un valor. ¿Cuánto estimas que mide? Esto significa, asignar un valor en centímetros o metros a alguna cosa. Por lo tanto, ‘autoestima’ es el valor que cada persona se asigna a ella misma.

Ahora abre tu cuaderno y escribe esta pregunta en letra grande:
“Del 0 al 100, ¿cuánto me autoestimo?”
Contéstala honestamente. Cuando el valor que te asignas es bajo, tienes una autoestima baja.

La autoestima es la base de tu autoconcepto. Eso es, el concepto que cada persona tiene de sí misma. Lo que cada uno cree de sí mismo. La confianza que cada uno tiene en sí mismo es parte del autoconcepto.

En resumen: Mi autoconcepto es aquello que pienso de mí mismo. Es la respuesta a la difícil pregunta: ¿quién soy?

¿Pero por qué son tan importantes estos conceptos? Porque juntos, autoestima y autoconcepto son los recursos con los que “compramos” una pareja.

Sí. No me equivoqué. Escribí la palabra correcta. Autoestima y autoconcepto son los recursos con los que una persona “compra” o “adquiere” una pareja.

Hacemos pareja con la persona que nuestra autoestima nos alcanza para ‘comprar’. Existe una relación directa entre nuestra autoestima y nuestra pareja. ¿Qué quiero decir con esto? Me explicaré lo mejor posible:

Esto quiere decir, en términos de economía emocional y relacional, que mientras más baja sea nuestra autoestima, más “barata” será nuestra pareja y que entre más alta sea la primera, -nuestra autoestima- más costosa será la pareja que tengamos a nuestro lado. Mientras más corriente sea la pareja, es menos el presupuesto con el que contábamos (léase autoestima) cuando compramos esa pareja.

Dos sanos o dos enfermos, nos guste o no reconocerlo. Estamos al lado de la persona que con nuestra autoestima y nuestro autoconcepto nos alcanzan para tener.

Sí, así como nuestros zapatos, en el tema de la pareja tenemos lo que nos alcanza para comprar y la prueba es que nos quedamos al lado de esa persona -que es nuestra pareja por “casualidad”- porque, aunque lo juzguemos como un tacaño, como un inseguro, como un celoso y todo lo demás, no nos atrevemos a dejarlo porque no creemos encontrar algo mejor. “Más vale malo por conocido” al menos, así reza el refrán.

Nos guste reconocerlo o no, ya sea consciente o inconscientemente, elegimos a nuestra pareja y parece que esto se nos olvida cuando les echamos la culpa y los responsabilizamos de nuestro sufrimiento y nos hacemos las víctimas. A mayor maltrato de ellos tolerado por nosotras, menor autoestima y más pobre es nuestro autoconcepto.

Toda persona con baja autoestima es insegura y, por tanto, celosa. Ya sea porque cree que todas las otras personas son mejores que ella, o porque su bajo autoconcepto no le permite ver que una mujer inteligente no elegiría lo que ella pelea tanto por tener.

Mientras una mujer le reclama a su pareja que no la valora, no se da cuenta de que -en realidad- quien no se valora es ella misma. Que no es un objeto a quien deban ponerle un precio. Ese precio se lo otorga ella misma.

Si tú eliges a parejas que consideras no valoran nada de ti, te tengo noticias: quien no se valora eres tú. Esa persona a quien eliges como pareja, es el certificado de tu autovaloración.

Dime con quién andas y te diré cuánto te autoestimas. En las relaciones no existe la mala suerte. Uno permanece con quien le corresponde estar, con quien inconscientemente cree merecer.

No se trata de si te unes a alguien por sexo, por amor o por ambas razones. Se trata de que te unes con la persona a quién crees corresponder.

Ninguna relación de pareja es casual. La pareja, siempre es un espejo. Gracias a tu pareja defines qué tipo de persona crees ser y crees merecer en esta vida. Un espejo en el que se reflejan tu verdadero autoconcepto y autoestima. Tu autoestima define con quien te unes y de quién te separas.

Si eres víctima de una pareja que no te valora, la realidad es que eres víctima de tu baja autoestima. La desgracia más grande que puede ocurrirle a una persona es tener un pobre autoconcepto, un pobre concepto de sí mismo.

Tú eliges a tu pareja. Sin pretextos. Aplica principio de verdad. Lo demás es lo de menos.

Eres totalmente responsable de todas y cada una de las parejas que has tenido en la vida. Igual que yo.

Y no es que me guste reconocerlo, pero cuando elegí a una persona que “no me correspondía” como pareja era que en realidad me correspondía, porque realmente mi autoestima y mi autoconcepto eran tan limitados que no me alcanzó para elegir algo diferente. No tenía más recursos. Lo que es, es.

Estar al lado de alguien a quien dices amar demasiado (incluso más que a ti misma) sencillamente deja ver a toda luz que quien no ha aprendido a amarse, y por tanto no se ama, eres tú misma.

Una prostituta puede tener mayor autoestima que una señora casada y decente. ¿Por qué? Porque la primera sabe cuánto vale, y se lo dice a su cliente antes de ofrecerle sus servicios, mientras que la segunda puede estar casada con quien ella permite que no la valore.

No hay pretextos ni disculpas en cuanto a quien eliges como pareja. La que tienes es la que te corresponde. Mejor dicho, la que le corresponde a tu autoestima. Tan adicto al alcohol uno, como adicta a las relaciones disfuncionales la otra, en mi caso.

Cada vez que te sientes víctima de un hombre que no te valora, lo que niegas es que quien no se valora eres tú al estar a su lado. La que no tiene una autoestima alta eres tú, y en eso, él no tiene nada que ver.

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