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En las enfermedades del corazón, la prevención es de vida o muerte

Las enfermedades cardiovasculares como el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular constituyen la primera causa de muerte en el mundo

Más allá de la conceptualización de cada persona o cultura sobre este órgano, la realidad es que el corazón es un músculo del tamaño del puño de la mano y de la misma manera que el motor mueve un automóvil, mantiene el cuerpo funcionando.

Los verdaderos problemas del corazón poco tienen que ver con el amor y los sentimientos, y mucho que ver con el tabaquismo, sedentarismo, diabetes, estrés y obesidad, por mencionar algunos.

Así, localizado en el pecho por detrás del esternón y costillas, constituye la estructura más importante del sistema circulatorio ya que la función que desempeña es la de bombear la sangre a todos los rincones del organismo.

La sangre recoge oxígeno a su paso por los pulmones y circula hasta el corazón para ser impulsada a todas las partes del cuerpo. Después de su viaje por el organismo, la sangre queda sin oxígeno y es enviada de nuevo al corazón para que este la bombee a los pulmones con el fin de recoger más oxígeno. Así se completa el ciclo.

Este proceso garantiza que haya siempre suficiente oxígeno y nutrientes para que el organismo funcione eficientemente.

Para impulsar la sangre por los vasos de todo el cuerpo, el corazón se contrae y se relaja rítmicamente, el oxígeno que el cuerpo necesita para funcionar es proporcionado a través de los vasos sanguíneos.

Si alguno de estos vasos queda obstruido, impidiendo la llegada de suficiente sangre, los músculos del corazón se van degenerando y se producen trastornos cardiovasculares.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares (ECV) son desórdenes del corazón y de los vasos sanguíneos, y se han convertido en la principal causa de muerte en todo el mundo:

  • Cardiopatía coronaria: enfermedad de los vasos sanguíneos que irrigan el músculo cardiaco.
  • Enfermedades cerebrovasculares: enfermedades de los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro.
  • Arteriopatías periféricas: enfermedades de los vasos sanguíneos que irrigan los miembros superiores e inferiores.
  • Cardiopatía reumática: lesiones del músculo cardiaco y de las válvulas cardíacas debidas a la fiebre reumática, una enfermedad causada por bacterias denominadas estreptococos.
  • Cardiopatías congénitas: malformaciones del corazón presentes desde el nacimiento.
  • Trombosis venosas profundas y embolias pulmonares: coágulos de sangre (trombos) en las venas de las piernas, que pueden desprenderse y alojarse en los vasos del corazón y los pulmones.

Del total de defunciones por ECV, según la OMS, más de tres cuartas partes se producen en los países de ingresos bajos y medios.

En México, las enfermedades del corazón representaron casi 20% de las defunciones totales en el país solo en 2015, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

De las enfermedades del corazón, las isquémicas ocupan el primer lugar como causas de defunción con 68.5%. En este universo, del número de muertes causadas en 2015 por enfermedades del corazón, la mayoría tuvieron lugar en personas del sexo masculino con 68,052 muertes, es decir, 7,382 más que el sexo femenino que registró 60,670 defunciones.

Cabe mencionar que, si bien el número de muertes por ECV en hombres es mayor, en las mujeres representan 20.8% del total de defunciones, mientras en los hombres representan 18.7%.

Es a partir de 65 años en adelante donde las ECV se convierten en la principal causa de mortalidad en ambos sexos. Así, tener una enfermedad cardiovascular reduce en siete años la esperanza de vida.

Los síntomas que pueden alertar a una persona sobre alguna enfermedad cardiovascular son: dolor precordial (en el pecho), fatiga, cefalea (dolor de cabeza) y disminución importante en la actividad física.

En el caso de los menores de edad, es conveniente acudir con un pediatra, médico general o médico internista, para que recopilen diferentes datos como edad, sexo, alimentación, prácticas de ejercicio, manejo del estrés y antecedentes de enfermedades en la familia.

Posteriormente y con base en la información proporcionada, determinará los exámenes para evaluar la salud cardiaca, y en caso de encontrar algún problema del corazón, deberá canalizar con el cardiólogo.

Para una atención preventiva, se recomienda una revisión a partir de los 45 años (antes en bebés o adolescentes con enfermedades congénitas), cuando hay enfermedades cardiacas o en caso de se haya detectado algún padecimiento que impacte en la salud del sistema circulatorio (hipertensión, diabetes, altos niveles de grasa en sangre o problemas en las válvulas).

Así, entre más rápido sea aplicada la medida preventiva, será más efectiva en frenar el curso de la enfermedad, o impedir que se desarrolle.

De acuerdo con la Sociedad Mexicana de Cardiología, con los avances en la práctica médica ahora es posible prevenir o demorar el inicio de las enfermedades cardiovasculares. Por ello la prevención primaria de la ECV toma una importancia primordial.

En la práctica, la prevención se inicia con el interés de las personas en profundizar sobre el conocimiento de su organismo, de su salud y de la posibilidad de prevención de las enfermedades. Se trata de un asunto de educación y cambio en conductas de riesgo más que de intervención con fármacos.

Para proteger tu corazón es importante que conozcas los factores de riesgo que te predisponen a padecer algún problema cardiaco. Existen dos factores:

  1. Los no modificables: Se refieren a las enfermedades o características que ya padeces y que no desaparecen, solo se pueden controlar, por ejemplo: factores hereditarios como la propensión a padecer hipertensión, diabetes o alteraciones del colesterol.
  2. Los modificables. Son los más importantes, porque al cambiar tu estilo de vida, diversos factores de riesgo desaparecen.

Algunas recomendaciones realizadas por la Sociedad Mexicana de Cardiología para cuidar tu corazón son las siguientes:

  • Acude al médico para una valoración integral.
  • Disminuye la susceptibilidad genética: en caso de que tengas antecedentes familiares de un infarto (padre, madre o hermanos) existe un riesgo de tener una enfermedad cardiovascular, por lo que debes disminuir los factores de riesgo mediante una alimentación sana, ejercicio y revisión periódica.
  • Control de enfermedades. En caso de padecer diabetes, hipertensión o alteración del colesterol, necesitas tomar los medicamentos adecuados. Es importante no auto recetarte y controlar periódicamente los niveles de azúcar, presión arterial y colesterol.
  • Reduce el estrés. La Sociedad Americana del Corazón (AHA por sus siglas en inglés) reconoce al estrés como un factor de riesgo para el corazón, pues a través de diversos mecanismos generan cambios en la frecuencia cardiaca y disminución en el diámetro de las arterias. De igual forma, las personas con estrés crónico modifican su comportamiento pues adquieren hábitos nocivos como comer excesivamente azúcar y fumar, predisponiéndose al desarrollo de un infarto.
  • Mantén un peso saludable. Comer en exceso supone una sobrecarga adicional para el corazón, ya que aumenta el área de tejido corporal que debe recibir oxígeno, por eso es conveniente llevar una dieta baja en grasas saturadas con abundante consumo de frutas y verduras.
  • Cuida tu cintura. La concentración de grasa abdominal es un factor de riesgo, por lo que debes mantener la cintura por debajo de 90 cm en hombres y 80 cm en mujeres.
  • Evita fumar o ser un fumador pasivo. El humo del cigarro es una de los factores de riesgo más importantes para el desarrollo de ateroesclerosis e infartos.
  • Haz ejercicio. El ejercicio es parte imprescindible en la protección del corazón. Debes realizar ejercicio aeróbico la mayor parte de los días de la semana: correr, nadar, saltar la cuerda, subir escaleras o caminar a paso rápido.
  • Alimentación sana. Puedes comer de todo pero en pequeñas cantidades. Trata de hacer cinco comidas al día (sólo una fuerte y el resto ligeras): desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena. El almuerzo y la merienda deben ser más ligeros, la idea es que el estómago no pase más de tres horas sin alimento.

Ante cualquier síntoma extraño como dolor de pecho, estómago, dolor de garganta sin presencia de gripe que aumente con el esfuerzo, hay que acudir con el médico.

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