Inicio BIENESTAR TOTAL Bye mamá... ¿Cómo sobrevivir a una madre tóxica?

Bye mamá… ¿Cómo sobrevivir a una madre tóxica?

La relación entre madre e hija es durante casi toda nuestra vida, es la relación vincular más importante, pero existen mujeres que inconscientemente eligen ser madres controladoras, narcisistas, asfixiantes, protectoras

Por Gabriela Torres de Moroso Bussetti

Tener una hija es un regalo, un tesoro valioso al que ayudar a crecer, a madurar en libertad y felicidad, porque ser madre de una niña es descubrir fortalezas que no sabíamos que albergábamos… y un gran desafío también.

La relación entre madre e hija es durante casi toda nuestra vida, es la relación vincular más importante. En términos normales, durante la infancia es de mucho amor, durante la adolescencia es todo lo contrario (y así está bien) y que durante la adultez de la hija se vuelve de agradecimiento. Hay muchos tipos de crianza y todas ellas está vinculado a la infancia que nuestra propia madre (o nosotras mismas cuando ya lo somos) hayamos tenido.

Inconscientemente, existen madres que eligen ser controladoras, narcisistas, asfixiantes, protectoras… mientras que la elección consciente de otras es ser las mamás que les hubiera gustado tener con sus hijas.

Mamás que logran elevar el coeficiente emocional de sus hijas a niveles tan altos como el de ellas mismas y aún más… con el maravilloso resultado  de que esas niñas al crecer, ven en sus madres un referente a seguir, con alas grandes que no necesitan estar en contacto con ellas a cada momento, pero con quienes se establece una alianza maravillosas en el que ambas afortunadas (madre e hija) donde la base del vínculo es la libertad y el respeto mutuo, y que se nutre de la complicidad, el apoyo y la fortaleza donde esa madre ha conducido a sus hijas de la dependencia a la autodependencia y luego hacia la interdependencia.

Pero desafortunadamente esto ocurre con poca frecuencia. Porque esta relación vincular llega a veces a ser tóxica. Cuando se profundiza en la biografía materna. Una madre controladora, a menudo fue controlada en exceso por sus progenitores o no tuvo el control ante el descontrol de su familia de origen casi siempre.

Tener una relación vincular tan intensa y compleja a la vez como el de esa mujer que educa a su niña deseando ser su pilar cotidiano, su refugio, su cómplice, pero a la vez esa figura capaz de ofrecerle libertad para que encuentre su propio camino, el que ella desee, requiere de facultades que muchas mujeres no descubren en ellas mismas y por tanto nunca desarrollan.

Una madre que humilla tiene en su historia a una niña que sus padres podrían haber humillado. Una madre manipuladora, padres que la manipulaban, aunque no necesariamente.

La línea de salida

A menudo suele decirse que cuando una mujer da a luz a una niña decide que no cometerá los mismos errores que su propia madre cometió con ella en el pasado. Todas, de algún modo, disponemos de ese legado afectivo un tanto complejo que no deseamos proyectar en nuestros hijos.

Ahora bien, aunque la meta de una mamá siempre sea que sus hijas vuelen con alas grandes que las conduzcan a cielos elevados, nosotras como hijas no siempre deseamos esperar hasta tener alas grandes que puedan sostenernos. Ahí empiezan los problemas. Ellas desean disponer cuánto antes de su propia libertad, de sus espacios privados, sin embargo, viven supeditadas a una madre inteligente que les pone límites para su propio bien y con quien entran en conflicto porque no entienden esto.

Es, pues, un vínculo complejo donde la fuerza siempre es intensa, ya sea hacia el lado enriquecedor o hacia el aspecto algo más traumático.

La parte más compleja suele deberse al hecho de que hay madres que ven a sus hijas como a esos reflejos propios a los que hay que proteger y dirigir para que alcancen aquello que ellas mismas no lograron. Pretenden que las niñas llenen los vacíos de sus propias heridas no sanadas como mujer. Todo esto de forma inconsciente… hasta el grado de que algunas madres podemos sin darnos cuenta convertirnos en madres tóxicas, que atacan la autoestima y el autoconcepto de lo que más amamos: Nuestras propias niñas.

Cosas que afectaron nuestro propio crecimiento personal, a través de miedos inculcados de niñas y un amor aparente, que fomenta la infelicidad.

Y esto es lo más importante: ¿Eres consciente del dolor que provocamos ambas (madre e hija) en la otra? ¿Y que amas a esa mujer tanto o más que a ti misma?

Me gustaría aclarar que la educación y la crianza debe llevarse de igual modo ante un hijo o una hija. Sin discriminaciones, sin estereotipos de género, con los mismos derechos y las mismas responsabilidades.  El amor entre madres e hijas es una afecto honesto y cómplice, es la mirada de una niña que crece para convertirse en parte del reflejo de su madre, pero con más belleza y con toda su sabiduría heredada.

Es adecuado conocer qué tipo de estrategias debe llevar a cabo una madre con sus hijas para hacer de ellas mujeres interdependientes, sabias y felices, pero con raíces lo bastante fuertes para que se sientan orgullosas de ese vínculo construido con la otra. Te invito a reflexionar sobre ello… y a ser la hija que te gustaría tener con tu mamá y a ti mamá, a ser la mamá que te hubiera gustado tener (aunque no la hayas tenido) con ella.

Como hija, no estás obligada a ser la cómplice cotidiana de mamá o la amiga con la que ella deba compartir de forma temprana sus problemas, miedos o necesidades. Necesitamos a una madre que lleve a cabo dicho rol, alguien que nos muestre fortaleza y seguridad, además de cercanía y amor incondicional.

Una hija no tiene la obligación de ser el clon de mamá.  Tiene el derecho (que no el privilegio) de tener sus propios gustos, sus propias necesidades que en ocasiones, nada tendrán que ver con las que la madre tuvo a su edad porque los tiempos son diferentes. Porque son mujeres que se aman, pero que también son diferentes. Es pues necesario aceptar la individualidad y la personalidad de nuestras hijas para guiarlas en el camino que ella misma elija cuando llegan a la mayoría de edad. Y antes de ello, darles muchos valores siendo ejemplo de ellos nosotras como mamás basadas en principios.

El maternaje exitoso es aquel donde hay equilibrio entre la confianza que damos a nuestros hijos (hombres y mujeres) de valerse por sí mismos, sintiéndose seguros y capaces con consideración y tener el valor de poner límites con amor. Asertivos.

Una madre comparte su experiencia con su hija, le ofrece consejos, apoyo y afecto, pero también confianza para que sea ella por sí misma quien se abra camino en la vida para convertirse en la mujer que desea ser.

La cosecha….

Para concluir, a pesar de las vicisitudes y de esas épocas de conflicto, distancia y diferencia que toda joven suele experimentar con su madre, siempre llega el maravilloso momento de cosecha en que esa mirada e niña deja a un lado sus años de infancia para llegar a la madurez…

Es entonces cuando la hija, que posiblemente ya es madre también, ve cara a cara a esa otra mujer, a esa dama de ojos cansados y cariño inmenso que lo ha intentado hacer lo mejor posible, aunque con tantas carencias. En ese momento el vínculo adquiere una nueva y maravillosa trascendencia… cuando esa hija elige perdonar a su madre y a ella misma y donde el perdón de su madre hacia ella no hace falta porque esa madre que ha sido la madre e a ella misma le hubiera gustado tener, lo ha otorgado hace mucho tiempo.

Gabriela Torres de Moroso Bussetti®

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Bibliografía:

Paternaje basado en principios

Preview e-book: https://payhip.com/b/8USp

Grupo Editorial Éxodo. ISBN:  978-607-8543-34-2

De venta en: Librerías Gandhi, Casa del Libro, El Sótano, El Péndulo, Librerías Porrúa, Papelerías El Partenón y en versión e-book y audio libro en:  www.gabrielatorres.mx/libros

 

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